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Pero finalmente nos enseñaron que esas
terminologías son indispensables
cuando estás en “sociedad”.
Como decía al principio, muchas
personas se hablan “con respeto”
dirigiéndose como “Buenas tardes,
señor. ¿Cómo le va?” y dando la vuelta
retroceden a ese supuesto respeto al
decir “es un creído. Es un vegete” —¿y
dónde está el respeto?—.
“Señora, por qué no se fija. Pinche
ciega”, “disculpe, ¿por qué no
se calla?”, “Vieja estúpida,
piensa que por sus años ya me comió el
mandado…”, son de esas expresiones
que logro escuchar cuando salgo a
caminar. Lo que pretendo es
refrescarme con el viento, y lo que
corre por mis oídos son esas muestras
de “insultos respetuosos”.
La verdad es que siempre he pensado
que no hay nada de malo en que a una
persona mayor de edad que tú la
tutees, siempre y cuando el respeto
(pero el verdadero respeto) exista. Yo
puedo hablarle a una señora mayor “Hola,
qué bien te ves” y jamás estoy
faltándole al respeto.
Creo que son cuestiones sociales y de
la doble moral que la misma iglesia
nos ha impuesto.
En otra ocasión, estábamos platicando
varias personas, entre ellas la señora
que ayuda al servicio doméstico de una
vecina del lugar, y su hijo se dirigía
a mí como “joven Israel, a usted
¿qué le gusta hacer cuando no escribe?”.
Antes de contestarle a éste muchacho,
le dije “no me hables como si
fuéramos diferentes. Ambos somos seres
humanos. Ni tú ni yo somos menos que
el otro. Así es que mejor llámame por
mi nombre y punto”.
Entonces, esa es otra de las cada vez
más formas de segregarse el propio ser
humano. Yo entiendo que debe de haber
un orden, que hay derechos y
obligaciones, pero eso de los
distingos me parece que es de seres
humanos faltos de valores propios (la
sociedad se los tiene que dar porque
sólo así existen).
Y existen muchas maneras de hacer las
diferencias, por ejemplo que si eres
señor o joven, si eres hombre o mujer,
si eres blanco o negro, si estás alto
o chaparro, si tienes el cabello largo
o corto, si te viste como él o como
ella, si eres albañil o doctor, si
eres hombre y te gustan los hombres,
si eres mujer y te gustan los hombres
y las mujeres, si eres maestro o
alumno… el respeto va mucho más allá
que de la mano de mediocres formas de
pensar.

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Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’,
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©
La vida no es más que el fruto de lo
que vamos construyendo. No hagamos lo
que no queremos que un día nos hagan a
nosotros; porque el tiempo es sabio y
pone todo en su lugar, tarde o
temprano. . . No hagamos sexo por el
simple hecho de hacerlo; porque las
enfermedades serán la peor
consecuencia… La mejor arma contra la
ignorancia es la lectura; aprendamos a
leer más para ampliar nuevos
horizontes en nuestra mente…

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