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(sin caer en la avaricia)?”
Éste amigo —del cual les comento— me
dijo: “mira Israel, el amor no se
hizo para mí. Hay tantos hombres por
los cuales vale la pena seguir. Y para
ellos vale la pena seguirme. No creo
que pueda cambiar; y menos a estas
alturas. No me siento capaz de
mantener una relación seria… así de
manita sudada, o de vivir juntos. Soy
feliz en el reventón. Con mis amigos
voy a bailar; me encuentro a un chico
y me voy con él. Si al otro día no se
acuerda de mí, ni modo; al menos
estuve con él. Así me acostumbré a
vivir…”.
Fue
entonces cuando detuve su insospechada
refutación. No hables más —le dije—.
No podía creer que seres humanos se
detengan a una vida que ni siquiera
ellos mismos quieren. Los seres
humanos ambicionamos una vida mejor;
una vida donde podamos sentirnos
orgullosos de nosotros mismos. ¿Para
qué esperar a que otros nos guíen por
la vida? ¿Por qué se dejan llevar por
la sombra de otros?
Porque,
en la mayoría de las ocasiones,
dependemos de lo que los demás digan.
De lo que otros piensen. No actuamos
si los demás no actúan. Somos seres
humanos, pero también, somos personas,
individuos. Sí, necesitamos de los
demás, pero no nos regimos por ellos.
“A
finales del siglo XVI, Montaigne
(1533-1592) ya sostenía que «el hombre
vive en sociedad porque lo necesita y
no porque le agrade hacerlo»... Si
Montaigne ponía el acento en
desatarnos, en abolir la dependencia,
Pascal aporta una mirada analítica:
«no importa si nos desatamos o no, no
se trata de lo que hacemos sino de
establecer por qué lo hacemos. Lo que
sucede es que no estamos satisfechos
con la vida que llevamos, y entonces
nos juntamos para vivir un poco la
vida de los otros. Queremos vivir en
la vida de los demás y por eso nos
esforzamos en que los otros nos
aceptan»” [‘Hojas de Ruta.
Colección Completa’ de Jorge Bucay.
Océano].
“Según
Pascal (1623-1662), esta dependencia
es parte de nuestra miseria y
deberíamos deshacernos de ella. Él
cree que nos quedamos colgados de la
vida de los demás justamente porque
nos estamos llegando a ser lo que
deberíamos de ser’, apunta Bucay.
Es muy
valido seguir un modelo de conducta,
vida o hasta de acciones; pero jamás
la imitación de otro. Porque, en
primera, nunca seremos como los demás,
o como quieren que seamos. Y en
segunda, porque no viviríamos a gusto.
Somos seres únicos. Unos prefieren
vestir de una forma, otros no. Unos
gustan de hablar de cierta manera, a
otros de disímil forma…
…unos
más preferimos escribir la realidad
que se pinta en las calles; pero otros
desean dibujar sólo lo que el mundo
les permite. Hay quienes les gusta ir
a comer a cierto tipo de restaurantes,
porque pueden o porque quieren; otros,
simplemente, no pueden o no quieren
hacerlo… sea como sea, las etiquetas o
estereotipos no son más que formas de
comportamiento ejercido por un círculo
de personas. Pero no es obligación de
nadie seguir el mismo camino.
Otra
forma de depender de los demás es
cuando no se ha aceptado como es.
Estar en el ‘clóset’ obliga a la
persona o individuo a forjar una vida
similar a la de los heterosexuales.
Porque no se tiene el valor, capacidad
o, simplemente, la forma de mostrarse
ante los demás con todo y sus
preferencias homosexuales. Que en
parte tiene cierta justificación este
tipo de dependencia, pues en la
sociedad en la que vivimos, en donde
la homofobia es latente, no queda otra
opción que hacerlo.
La
dependencia familiar es cuando no
puedes hacer nada si tu familia no lo
ha consentido previamente. Las
decisiones acerca de tu vida tienen
que ser aprobadas por ti mismo, no por
el círculo familiar. Los consejos son
validos (siempre lo son), pero la
decisión final es de cada quien.
O bien,
la dependencia hacia la atmósfera
amistosa. Este tipo de dependencia
orilla al individuo a una aspiración
irreal. El querer ser o sentirnos como
los demás nos va denigrando como
personas. Porque no estamos viviendo
nuestra vida, sino la del amigo.
Porque queremos ser de determinada
forma para ser aceptados en el círculo
de ‘amigos’.
Pero
ojo atento: el que se jacte de ser tu
amigo, jamás te querrá cambiar a su
manera o estilo de ser o de vida. El
amigo te quiere como eres —aunque no
debamos confundir con querer ayudar a
que seas mejor. Porque un amigo puede
intervenir en tus acciones si nota que
tu camino lo estás ensombreciendo—.
Solo
detengámonos un momento y
reflexionemos esto: ¿imaginémonos si
todos fuéramos iguales? Simplemente no
avanzaríamos en nada. Todo se
reduciría a un mismo estilo de vida,
las mismas cosas, los mismos
pensamientos, la madurez llegaría a un
cierto límite… todo el tiempo igual.
Es como cuando comes por varios días
el mismo platillo, a determinado
tiempo termina por fastidiarte.
Es
verdad que la felicidad absoluta no
existe. La felicidad está construida
por momentos, momentos que nosotros
mismos procreamos con nuestras
actitudes; con nuestra forma de
pensar. No podemos cambiar a las demás
personas si antes no cambiamos
nosotros mismos. No pidamos lo que no
estamos dispuestos a ofrecer.
No
señales lo que no te gustaría que te
señalaran. Y bien dice la frase: “vive
y deja vivir”. Pero sobre todo,
vive como tú quieres vivir. Porque
cuando no eres como quieres realmente
ser, ni siquiera los momentos te saben
bien.
Las
diversas formas que el ser humano
tiene de llevar su vida no es motivo
para denigrarlos. Simplemente están en
la búsqueda de una identidad; quizá no
lo logren, pero lucharon por ello. El
luchar por lo que queremos y por lo
que somos no se reduce en marchas, en
manifestaciones, en mítines; es más
que eso.
La
búsqueda de nuestra propia identidad
es algo así como: que una persona que
fue obligada a estudiar medicina, un
buen día decide ir tras sus sueños y
años más tarde lo vemos como el mejor
de los pintores —o al menos uno de los
mejores—. El día en que tomemos las
riendas de nuestra vida, ese día
estaremos dando un gran paso para ser
mejores seres humanos, mejores
personas.
AVISO IMPORTANTE
Para todos los lectores que eran
asiduos a seguir mis letras en la
Agencia de Noticias sobre Diversidad
Sexual, les comunico que me he
despedido de dicho espacio. La columna
en la que escribía ‘Edén: Libertad de
Ser’ sigue siendo de mi autoría pues
está resguardada bajo los términos de
derechos de autor (copyright).
Lamentablemente uno tiene que tomar
decisiones cuando su dignidad como
escritor puede ser mermada. Y como lo
he dicho siempre, no soy profesional
que se deje manipular.
Pero estoy aquí
en éste espacio que me ha brindado
VeracruzGay desde hace varios meses
atrás. En puebla también lo estoy (www.gpuebla.com).
Próximamente estaré escribiendo para
HermosilloGay (www.hermosillogay.tk).
Y para el continente europeo, estaré
escribiendo en la revista virtual
española UniversoGay (www.universogay.com).
Muchas gracias por seguirme. Y
recuerden, siempre habrá algo qué
decir de la pluma de Israel Mendoza
Torres. Gracias.

IMPORTANTE: Copyright © 2008 Israel
Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’,
así como El logotipo y nombre de
‘Cardinal’, están resguardados bajo
los términos del Derecho de Autor.
Prohibida su reproducción parcial o
total sin autorización por escrito de
su autor.
©
La vida no es más que el fruto de lo
que vamos construyendo. No hagamos lo
que no queremos que un día nos hagan a
nosotros; porque el tiempo es sabio y
pone todo en su lugar, tarde o
temprano. . . No hagamos sexo por el
simple hecho de hacerlo; porque las
enfermedades serán la peor
consecuencia… La mejor arma contra la
ignorancia es la lectura; aprendamos a
leer más para ampliar nuevos
horizontes en nuestra mente…

Expidan todos sus comentarios, quejas
o sugerencias a
israelmendoza_veracruzgay@yahoo.com.mx.
¡Hasta la próxima!
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