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Para el tiempo nosotros somos como
la arena en el mar, tarde o
temprano las olas nos tocarán. Y
es que no hay escapatoria. Hagamos
hoy lo que tengamos que hacer,
porque no sabemos si tendremos el
privilegio de ver un mañana (eso
es inevitable).
“El tiempo es la sucesión
ilimitada, irreversible y no
espacial de instantes en que
suceden los acontecimientos; parte
de esta sucesión, que se puede
medir en relación con el
movimiento aparente del Sol;
época; estación del año;
condiciones meteorológicas; estado
atmosférico. Y proviene del latín
tempus ‘tiempo, intervalo,
duración; época; estación; momento
oportuno; momento’” [GÓMEZ DE
SILVA, Guido (2006). Breve
diccionario etimológico de la
lengua española. Edit. Fondo
de Cultura Económica, México].
Hemos pasado gran parte de nuestra
vida con los seres que conforman
nuestra familia (sea de sangre o
adoptiva; para el caso, sigue
siendo nuestra familia). Ya
sabemos que están siempre ahí, que
peleamos, que nos divertimos o,
quizá, hasta nos dejamos de hablar
un tiempo; pero nunca nos ponemos
a pensar en que tal vez este día
sea el último que pase con mi
hermano, hermana, papás, etcétera
(¡¡ojo!! Que esto es en serio).
Sabemos que los padres nos criaron
de acuerdo a sus eslabones
ancestrales (costumbres); pero
muchas veces no nos ponemos a
pensar que hemos permitido que el
tiempo haya pasado sin haberlo
aprovechado. Y es que ya no hay
vuelta a tras. O se hace o ya no
se hizo. El amor es el que perdura
siempre (desconozco si más allá de
la muerte podremos continuar con
éste sentimiento, pero sí hasta
que la muerte nos sorprenda).
Tenemos una familia, nos guste o
no; pero la tenemos —Y no lo digo
en sentido peyorativo, claro que
no—. Y no se trata de aprovechar
el tiempo colmándolos de besos y
abrazos (que también cuenta mucho;
además a quién no le gusta
sentirse en los brazos de sus
seres queridos… a todos, creo yo),
si no que me refiero al
aprendizaje que obtenemos de los
mayores, incluso de los menores.
Porque la vida es un cúmulo de
aprendizaje.
Nuestros padres han sido los que,
de una forma u otra, nos han
preparado el camino para emprender
la carrera, en donde no hay una
sola meta, hay muchísimas más por
las cuales hay que trabajar para
conseguir llegar a ellas con el
mayor éxito posible. Y no es un
sermón clásico, sino que ellos ya
han recorrido mucho más tramo que
nosotros de ese camino incierto. A
veces nos parecen sus ideas algo
incongruentes con la realidad
actual en la que vivimos; pero,
dentro de todo ese discurso que
nos emiten hay semillas que bien
podemos aprovechar. Finalmente,
todos tenemos algo que nos hace
independientes: el libre albedrío.
Y con el libre albedrío podemos
decidir con qué quedarnos y qué
desechamos.
Y qué decir de los hermanos, más
grandes o menores que nosotros,
pero algo nuevo nos muestran.
Incluso nosotros mismos tenemos
muchas cosas que manifestarles a
ellos y al mundo. Con esto no
quiero decir que el tiempo lo
utilicemos para dejar que hagan y
deshagan como ellos quieran con
nosotros (o viceversa), no, para
nada; simplemente es tomar de lo
bueno y lo malo lo que nos sirva.
Porque todo sirve, no hay nada que
no nos ayude para resolver o
evitar problemas futuros. Todo
vale.
“El tiempo que huye no puede
ser recuperado” [Virgilio,
poeta Romano].
Cuando decidimos integrar a
nuestra familia un nuevo
componente (no, no estoy hablando
del esposo o de la esposa; aunque
también es el caso) es porque hay
algo dentro de él que nos hace
sentir distintos, que nos abre
nuevas perspectivas y nuevas
ilusiones. Que nos hace aprender a
convivir de una manera distinta
(sin dejar de ser nosotros
mismos).
Nunca vamos a saber si será para
siempre esa pareja, sí podemos
estar seguros de que así lo
queremos, pero no hay una garantía
que nos haga sentirnos seguros que
así será. Sin embargo, todo ese
tiempo en el que compartimos con
la pareja es distinto al de la
familia, al de los amigos y al de
la sociedad en general; porque con
nuestra pareja somos quienes
verdaderamente somos (al menos así
deberíamos de ser), porque es con
quien compartimos casi todo, es
nuestro confidente.
El amor es algo insólito. Algunos
dicen que no existe el amor
eterno, otros decimos que sí.
Otros más piensan que el amor es
como todos sentimos, y muchos
pensamos que es distinto, no hay
amor igual (ni siquiera parecido).
Lo que tú sientes no es lo mismo
que lo que siente tu amigo por su
pareja; son sencillamente aquella
persona que se convierte en tu
amigo, confidente, cómplice,
etcétera.
Y el tiempo que compartimos con
esa persona es para aprovecharlo.
Aunque muchas de las veces
riñamos, o no comulguemos con la
idea de nuestra pareja, no quiere
decir que perderemos el tiempo en
discusiones que no nos llevarán a
nada bueno. Además, las
discusiones, siempre nos llevan a
buenas negociaciones, que eso
debería de ser. Una negociación es
que ambos ganen; ni uno más que el
otro. Así es que mejor
aprovecharlo al máximo, como si
fuera el último día.
En el caso de los homosexuales,
casi siempre nos es mucho más
difícil compartir todo el tiempo
con nuestra pareja, y más aún
cuando uno de los dos (o ambos) se
encuentra vinculado estrechamente
con las sombras del armario. O
porque las actividades que
realizamos no convergen con los
demás (y hay que evitar rencillas
baratas que no nos harán bien). O
qué decir de cuando se vive lejos,
el uno del otro. Pero, recordemos
que el tiempo es como el viento,
roza nuestra piel, pero no se
queda arraigado en nuestra
presencia. Lo mejor es
aprovecharlo al máximo. Sé que
suena un tanto difícil, pero
también el tiempo te enseñará cómo
hacerlo.
“Debí haberte encontrado diez
años antes o diez años después.
Pero llegaste a tiempo” [Jaime
Sabines, poeta mexicano].
Uy!!, los amigos. La verdad es que
son pocas las personas que se
pueden considerar amigos; pero
amigos de verdad. En la mayoría de
las ocasiones no tenemos el famoso
tiempo para convivir con nuestros
amigos; sí, posiblemente sea un
razonamiento lógico y entendible.
Sin embargo, una llamada es
muestra de que siguen en nuestra
mente y corazón. No hay necesidad
de verse todos los días durante
mucho tiempo (porque a veces es
complicado); pero sí de vez en
cuando. No olvides que ellos
siempre están para ti, pero tú
también tienes que estar para
ellos.
“No es el tiempo el que nos
falta. Somos nosotros quienes le
faltamos a él” [Paul Claudel,
escritor y diplomático francés].
La sociedad ha perdido mucho
tiempo en juzgar a los demás. Es
decidir, unos cuántos deciden qué
está bien y que es lo contrario.
Es preferible molestar a los
vecinos que realizar actividades
provechosas. Es mejor molestar que
leer. Y en eso, y más, se pierde
el tiempo. De verdad es que no hay
la voluntad para mejorar, sólo lo
que ya está hecho es lo que vale.
Porque no estamos viviendo en una
sociedad cognitivamente activa,
sino en un letargo. Y ese letargo
es propiciado por la misma
sociedad. Y se confunde el no
perder el tiempo con dependencia e
inutilidad, como en el caso de la
tecnología que ha venido a
abarrotar todas nuestras
posibilidades de ser nosotros
mismos.
Los enfermos con cierto
padecimiento terminal saben que el
tiempo vale, y vale mucho. Porque
ellos sí lo tienen contado, saben
que más temprano que tarde se
irán. Y nosotros vivimos en
incertidumbre, no sabemos cuándo
tendremos que partir, así es que
lo mejor que podemos hacer es
disfrutar y aprovechar el tiempo.
“De nada sirve al hombre
lamentarse de los tiempos en que
vive. Lo único bueno que puede
hacer es intentar mejorarlos”
[Thomas Carlyle, historiador y
pensador escocés].
Lo más conveniente para nosotros y
para los demás, es no preocuparnos
por las guerras, mejor ocupémonos
por implantar día con día la paz.
Ya dejemos de meternos con el
vecino, mejor pongámonos a leer un
buen libro en un cómodo sitio, y
basta ya del juicio interesado,
metámonos en cómo somos ahora y
cómo queremos ser mañana. No
perdamos el tiempo, porque es él
el que jamás nos lo va a perdonar.

IMPORTANTE: Copyright © 2007
Israel Mendoza Torres. La columna
‘Cardinal’, así como El logotipo y
nombre de ‘Cardinal’, están
resguardados bajo los términos del
Derecho de Autor. Prohibida su
reproducción parcial o total sin
autorización por escrito de su
autor.
©
La vida no es más que el fruto de
lo que vamos construyendo. No
hagamos lo que no queremos que un
día nos hagan a nosotros; porque
el tiempo es sabio y pone todo en
su lugar, tarde o temprano. . . No
hagamos sexo por el simple hecho
de hacerlo; porque las
enfermedades serán la peor
consecuencia… La mejor arma contra
la ignorancia es la lectura;
aprendamos a leer más para ampliar
nuevos horizontes en nuestra
mente…

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