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El apego mudado a otro ser del mismo
sexo, ha sido motor de muchas
discusiones para la opinión pública,
las esferas sociales de cada nación; y
sin descartar un vinculo importante
para que no sea aceptada esta forma de
vida, la iglesia. Para el aspecto
social se ha mantenido un parte aguas.
Unos, sí la aceptan u optan por el
respeto; y otros, la desprecian, la
enjuician o se inclinan por deshacerse
de todo indicio a ello (homofóbia).
Siempre con los enigmas de ¿cómo
integrarlos a la sociedad?, ¿cómo
entenderlos?, ¿cómo respetarlos?, e
infinidad de lineamientos que trazan
el círculo de la personalidad humana.
Muchos (y en la mayoría de las veces)
creados por la misma sociedad.
Remontándonos a siglos atrás, haciendo
una y otra vez recovecos por la
historia, están un sin fin de leyendas
que sitúan a la homosexualidad como
una actitud ya nacida desde ese
entonces.
Una tan marcada es la de la catástrofe
que cayó a los habitantes de Sodoma y
Gomorra del Génesis XIX, 1. La
historia comienza en el momento en que
los enviados de Dios (dos ángeles
celestiales, bien parecidos) llegaron
a la ciudad de Gomorra (habitada por
personas jóvenes, maduras y viejas —la
mayoría hombres—). Los ángeles
agotados se aferraban a pasar la noche
en una plaza de la ciudad.
Lot (sobrino de Abraham), quién los
recogió a su llegada, les insistió en
ir a su casa, en donde les preparó
comida y los recibiría como huéspedes
especiales. Se llegó el anochecer, los
hombres del poblado cercaron la casa
de Lot y le pidieron a voces que les
entregará a sus visitantes para
profanar de ellos en una manera
sexual. A su insistencia, el anfitrión
les propone un trueque: entregarles a
sus dos hijas —quienes eran vírgenes
aún— con el firme compromiso de dejar
en paz a sus acogidos.
Al no aceptar la propuesta, los
vecinos tiraron bajo presiones a Lot,
prometiéndole que no solo violarían a
los ángeles, sino a él de igual manera
al poner resistencia. Al observar lo
sucedido a las afueras de la casa, los
ángeles hacen uso de sus poderes
divinos en dirección a los inquietos
sexuales, dejándolos ciegos para que
no pudieran hallar la morada. Al día
siguiente, a primera hora, los ángeles
advierten a la familia de Lot que
tienen que marcharse, ya que la ira de
Dios está por caer sobre los hombres
de ese pueblo, por sus pecados. Con un
cataclismo de llamas de fuego y lluvia
de azufre quedaron castigados los
habitantes de Sodoma y Gomorra.
Cada quien interpreta las fábulas de
la Biblia como mejor le conviene, de
acuerdo a sus intereses propios, nunca
en base a los extraños. Lo que sí es
pertinente mencionar, es que la
Biblia, en ningún momento, rechaza el
amor entre hombres. Y es como no solo
se relata historias acerca de los
castigos de Dios hacia los
homosexuales. También las hay sobre
compromisos de amor. Como lo fue el de
Jonatán (hijo del rey Saúl) y David
(quien derroto al gigante Goliat).
La Biblia narra esta fábula de amor
entre personas del mismo sexo,
jurándose amor ante Dios hasta la
muerte. Y así fue, la muerte rondo por
un tiempo, hasta que descansó en manos
del corazón de Jonatán, esto bajo la
violencia de los filisteos. Con el
dolor acogido en el alma de David
escribió un poema, en el que menciona
en una frase su amor a Jonatán “…tu
amistad era para mí más maravillosa
que el amor de las mujeres”.
Muchos años después, las historias
siguieron germinándose, dejando
estelas en el camino histórico. Como
las del gran adonis Alejandro Magno
(356-323 a. C.) — Alejandro, el
hermoso, como así le solían llamar—
con Hepheastion y Bagoas. Magno, rey
de Macedonia, hijo de Filipo II,
sometió a Grecia, conquistó Egipto,
donde fundó Alejandría.
Mil y una historias más sembradas en
la historia de nuestros antepasados,
como la de Julio César y Nicomedes.
Juan Alejandro de Normandía y Enrique
III de Valois de Francia. Hasta la de
Hitler con Hermann Goering (de la
Fuerza Aérea Alemana) y Albert Speer.
En la época de los romanos, muchos
reyes, soldados, en general, mantenían
una estrecha relación íntima con otro
hombre, aún cuando alguno o ambos (de
los involucrados) estuvieran casados
con una mujer. En la mayoría de las
veces les ocurría a hombres de 45 a 55
años de edad, que evocaban su atención
sexual a otros hombres jóvenes de
entre 20 y 35 años.
En los siglos en que la literatura
tuvo su mayor auge, los escritores,
novelistas, filántropos (en el grueso
de ellos) eran homosexuales. Sin
embrago, no fue un obstáculo para que
se convirtieran en parte de la
historia por su gran aportación
literaria. Y que en el caso de los
grandes historiadores de novelas, o
poetas, dejaron un gran legado, tras
la escritura que en su momento fueron
inspirados por otro hombre.
Entre otros casos muy celebres, que no
tienen que ver con los espectáculos;
simplemente de figuras en la historia
del mundo. Pero si de los famosos
artistas se trata, por qué no
mencionar al polémico George Michael
(cantante); o Sir Elthon John; Freddy
Mercury, Rupert Everett (La boda de mi
mejor amigo); Pedro Almodóvar
(director español de cine); Angelina
Jolie (Tumb Raider); entre muchos más
que se han consolidado como íconos de
la industria discográfica o de la meca
del cine.
Con todo esto, se nos abre un panorama
más extenso y enriquecedor de lo que
es la burbuja que encierra el entorno
homosexual, la comunidad gay. Para las
personas que, quizá, no tienen la
menor idea de por qué se creo ésta
diversidad sexual, emiten un juicio
mal intencionado, tal vez, mal
dirigido hacia que si es un mal
congénito, una desviación hormonal,
enviados del demonio, y un sin fin de
adjetivos que califican a personas que
solo son seres humanos que sienten y
que aman como los demás “normales”.
Son hombres y mujeres que forman parte
de la otra representación del amor,
que tienen sentimientos y que lo único
que los diferencia de los
heterosexuales, es que aman a alguien
de su propio sexo.

IMPORTANTE: Copyright © 2007 Israel
Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’,
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©
La vida no es más que el fruto de lo
que vamos construyendo. No hagamos lo
que no queremos que un día nos hagan a
nosotros; porque el tiempo es sabio y
pone todo en su lugar, tarde o
temprano. . . No hagamos sexo por el
simple hecho de hacerlo; porque las
enfermedades serán la peor
consecuencia… La mejor arma contra la
ignorancia es la lectura; aprendamos a
leer más para ampliar nuevos
horizontes en nuestra mente…

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